- Casi la totalidad de las empresas usuarias de SAP planea actualizar sus sistemas en los próximos años, aunque pocas buscan una transformación estratégica real.
- La deuda técnica acumulada por años de personalizaciones se confirma como el principal freno para la agilidad empresarial.
- La inteligencia artificial es el gran motor del cambio, pero la mayoría de las organizaciones aún la ve solo como una herramienta de productividad.
- Se establecen dos fases críticas de ejecución: una de migración técnica hasta 2028 y otra de reinvención operativa hasta 2032.

Durante la celebración del último Fórum AUSAPE en Santiago de Compostela, el panorama tecnológico empresarial ha quedado retratado con una claridad meridiana. Las grandes compañías españolas y europeas se encuentran en un momento de transición donde la modernización del ERP de SAP ha dejado de ser una opción para convertirse en una necesidad imperativa de cara a la próxima década. Sin embargo, no todo el monte es orégano, y el paso de los viejos sistemas a las nuevas plataformas está sacando a la luz una serie de retos que van mucho más allá de lo puramente técnico.
Un exhaustivo análisis presentado recientemente pone de manifiesto que, si bien la intención de actualizarse es prácticamente unánime, la visión estratégica para aprovechar los datos y la inteligencia artificial todavía es una asignatura pendiente para la mayoría. Resulta curioso que, mientras casi todos los directivos tienen claro que hay que mover ficha, apenas un quince por ciento de ellos se plantea este proceso como una oportunidad real para rediseñar sus procesos de negocio desde los cimientos, prefiriendo quedarse en la superficie de un simple cambio de plataforma tecnológica.
Los tres escalones de la evolución en el entorno SAP
Para entender dónde estamos parados, los expertos sugieren que estos proyectos no deben verse como un bloque monolítico, sino como una escalera de tres peldaños. El primero de ellos, el más básico, es la migración o evolución técnica, que busca asegurar que los sistemas sigan funcionando y se adapten a la nube. Es el nivel en el que se encuentran casi todas las organizaciones analizadas, preocupadas principalmente por cumplir con los calendarios de soporte y no quedarse atrás en la infraestructura básica de sus sistemas de gestión.
El segundo nivel implica meterse en harina con la simplificación del sistema. Se trata de volver al estándar, lo que en el mundillo se conoce como «clean core», eliminando ese exceso de desarrollos a medida que las empresas han ido acumulando con el paso de los años. Solo un cuarto de las compañías está realmente abordando esta limpieza, algo fundamental si no quieren que cada futura actualización se convierta en un auténtico dolor de cabeza. Por último, el nivel de la reinvención es el que permite que el ERP deje de ser un simple registro para ser el cerebro que anticipa escenarios de negocio.
La pesada mochila de la deuda técnica
Uno de los grandes obstáculos que se han detectado es que las empresas arrastran una mochila muy pesada. Alrededor del setenta por ciento de los responsables de tecnología reconoce que las personalizaciones excesivas y la deuda técnica acumulada dificultan enormemente la evolución de sus sistemas actuales. Es una situación un tanto paradójica: las empresas quieren innovar, pero sus propios desarrollos antiguos se lo impiden, creando una rigidez que choca frontalmente con la agilidad que demanda el mercado actual.
Afortunadamente, parece que hay un cambio de mentalidad en el horizonte. Nueve de cada diez organizaciones estarían dispuestas a adoptar procesos mucho más estandarizados si a cambio obtienen un sistema que sea más fácil de evolucionar en el futuro. Esta tendencia hacia la simplificación será, sin duda, una de las grandes conversaciones en los consejos de administración durante los próximos ejercicios, ya que afecta no solo a la informática, sino a cómo opera cada departamento de la empresa, desde finanzas hasta logística.
La inteligencia artificial como motor, pero con matices
La inteligencia artificial ha irrumpido con fuerza en los planes de modernización, actuando como un imán para justificar las inversiones. Casi la mitad de las empresas mencionan la analítica avanzada y la IA como razones de peso para evolucionar sus entornos de gestión. El problema es que, a la hora de la verdad, la mayoría sigue viendo esta tecnología como una capa de barniz para automatizar tareas repetitivas y ganar algo de productividad, en lugar de usarla para cambiar radicalmente la forma de trabajar.
Para que la inteligencia artificial brinde todo su potencial, es necesario que los datos estén limpios y los procesos bien ordenados. Si una empresa decide invertir en capacidades de IA sin haber resuelto antes sus problemas de procesos poco estandarizados, corre el riesgo de recibir un sistema técnicamente impecable pero que sigue operando con las mismas ineficiencias de hace veinte años. Por eso, el reto no es solo elegir la tecnología, sino decidir qué nivel de transformación se quiere alcanzar realmente antes de empezar a picar código.
Calendarios y ventanas de oportunidad para las empresas
El estudio identifica dos grandes ciclos temporales para este viaje tecnológico. El primero, que se extiende hasta 2028, está marcado por la urgencia de asegurar la continuidad tecnológica y realizar las migraciones básicas. Es una fase de cimientos. La segunda ventana, que llega hasta 2032, será el momento de la verdad para la simplificación avanzada y la integración profunda de la IA en la gestión diaria. Las compañías que aprovechen estos primeros años para poner orden en casa estarán en una posición privilegiada cuando llegue la segunda ola.
La toma de decisiones sobre el ERP también está cambiando, pasando de ser un bloque cerrado a una arquitectura por capas donde el núcleo convive con la nube y diversas herramientas de integración. En este ecosistema, el papel de los acompañantes tecnológicos es crucial, ya que las empresas no solo necesitan manos para ejecutar la migración, sino guía estratégica para definir la hoja de ruta. Al final, el éxito de la modernización dependerá de si se entiende como un simple trámite informático o como el motor para una nueva etapa de crecimiento empresarial mucho más conectada e inteligente.
La transformación de los sistemas de gestión empresarial en el continente europeo encara una etapa decisiva donde la tecnología y la estrategia deben ir de la mano para no perder competitividad. Las organizaciones tienen ante sí el desafío de superar la complejidad de sus sistemas antiguos para abrazar un modelo operativo donde el dato y la agilidad sean los verdaderos protagonistas de su día a día. Aquellas que logren simplificar su núcleo operativo ahora no solo estarán cumpliendo con un calendario de actualizaciones, sino que estarán sentando las bases de una infraestructura capaz de adaptarse a cualquier cambio que traiga el futuro sin las ataduras del pasado.