- Ubuntu es un sistema operativo libre, estable y seguro que funciona bien tanto en PCs modernos como en equipos antiguos.
- La versión LTS de Ubuntu ofrece soporte prolongado y es la más recomendable para la mayoría de usuarios y entornos profesionales.
- El proceso de instalación guiada desde USB es muy sencillo, tanto para sustituir Windows como para compartir disco en dual boot.
- Tras instalar Ubuntu, es clave actualizar el sistema, ajustar drivers y configurar seguridad básica para sacarle todo el partido.

Si llevas tiempo pensando en dejar atrás Windows y probar Ubuntu Linux de forma sencilla, pero te frenan los tecnicismos y no sabes ni por dónde empezar, estás en el sitio adecuado. Vamos a ver, paso a paso, cómo descargar, preparar e instalar Ubuntu en tu ordenador, qué versión te interesa, qué hacer después de instalarlo y cómo lidiar con temas típicos como Chrome, los juegos o la seguridad, sin dar nada por obvio.
Además de la parte práctica, verás por qué Ubuntu se ha convertido en el estándar de facto en muchísimas empresas, qué lo hace tan atractivo para desarrolladores, administradores de sistemas y usuarios domésticos, y cómo puede aprovechar tanto un portátil antiguo como un PC moderno con gráfica NVIDIA. La idea es que termines esta guía con la sensación de que usar Ubuntu no es cosa de expertos, sino algo perfectamente asumible con un poco de paciencia… y esta guía a mano.
Qué es Ubuntu y por qué merece la pena instalarlo
Ubuntu es un sistema operativo basado en Linux, de código abierto y gratuito, mantenido por Canonical y una enorme comunidad global. Técnicamente está construido sobre Debian, pero con un enfoque muy claro: que cualquier persona pueda instalarlo y usarlo sin volverse loca con la terminal, y que al mismo tiempo los perfiles más técnicos tengan una base sólida para servidores, contenedores y entornos cloud.
En el escritorio, Ubuntu se presenta con un entorno GNOME muy pulido, traducido a decenas de idiomas y con una tienda de aplicaciones gráfica donde encuentras de todo: navegadores, suites ofimáticas, herramientas de programación, juegos, apps de comunicación, audio, vídeo… prácticamente lo que necesitas para el día a día sin tocar un solo comando.
A nivel empresarial y profesional, Ubuntu brilla porque combina estabilidad, seguridad y un ecosistema de herramientas alrededor del desarrollo de software, la virtualización, la analítica de datos o la Inteligencia Artificial. No es casualidad que muchas startups SaaS, equipos DevOps y consultoras tecnológicas lo usen como sistema base tanto en portátiles como en servidores físicos y en la nube. Además, soporta servidores, contenedores Docker y entornos cloud con facilidad.
Otro aspecto clave es que, al ser software libre, no pagas licencias por puesto ni dependes de la telemetría intrusiva de otros sistemas. Esto reduce costes (especialmente si tienes muchos equipos), te da más control sobre lo que se ejecuta y, de paso, evita sorpresas con cambios de condiciones en contratos de software propietario.
Versiones de Ubuntu: cuál elegir y qué requisitos necesitas

La primera duda lógica antes de instalar es qué versión descargar. Ubuntu se publica en dos grandes sabores: versiones LTS (Long Term Support) y versiones intermedias. Las LTS son las recomendadas para casi todo el mundo, porque tienen soporte de seguridad durante al menos 5 años y se prueban a fondo antes de salir.
Las versiones intermedias (por ejemplo, las que salen en abril u octubre entre una LTS y la siguiente) tienen soporte de 9 meses y están pensadas para quien quiere las últimas novedades del kernel, GNOME y demás componentes, aun sabiendo que tendrá que actualizar con más frecuencia. Son ideales para probar tecnologías nuevas que luego llegarán refinadas a la siguiente LTS.
En cuanto a requisitos, Ubuntu Desktop actual necesita CPU de 64 bits y al menos 4 GB de RAM para una experiencia razonable, aunque con 8 GB va mucho más fluido, sobre todo si abres muchas pestañas de navegador o trabajas con herramientas pesadas. De disco, lo recomendable son unos 25 GB de espacio libre como mínimo para una instalación estándar; la instalación mínima puede apañarse con menos, pero te quedarás corto enseguida si empiezas a instalar software.
El sistema soporta tanto firmware clásico BIOS como UEFI, y funciona bien con Secure Boot; para la actualización de firmware en Linux puedes usar herramientas como fwupd, aunque en algunos equipos puede requerir tocar alguna opción en la configuración de la placa. A diferencia de otros sistemas, no te exige TPM 2.0, así que muchos ordenadores «viejos» que se quedan fuera de Windows moderno funcionan estupendamente con Ubuntu.
Antes de lanzarte a instalar, es muy aconsejable hacer un pequeño checklist previo: copia de seguridad de tus datos importantes, comprobar que tu PC cumple los requisitos, tener el portátil enchufado a la corriente, descargar la ISO oficial de Ubuntu y verificar que puedes arrancar desde USB desde la BIOS/UEFI. Si piensas mantener Windows en modo arranque dual (dual boot), conviene desactivar el inicio rápido de Windows y revisar el orden de arranque.
Descargar Ubuntu desde la web oficial y opciones alternativas
La descarga de Ubuntu se hace siempre desde la página oficial de Canonical. Ahí verás las versiones disponibles: normalmente la última LTS y la última versión estándar. Para uso doméstico, trabajo de oficina, programación e incluso muchos casos profesionales, la recomendación es clara: descarga siempre la edición Ubuntu Desktop LTS.
La imagen de escritorio viene en formato ISO de alrededor de 5-6 GB. Esta ISO es una imagen completa: puedes usarla para probar Ubuntu sin instalarlo (modo «Probar Ubuntu») o para realizar la instalación permanente en el disco. Si vas a usar una máquina virtual, bastará con montar la ISO en el software de virtualización y arrancar desde ahí, sin necesidad de USB.
Cuando los servidores de Canonical van lentos o quieres otras opciones, tienes varias alternativas: descarga por BitTorrent, imágenes de red (netboot) o mirrors de universidades. La imagen de red, por ejemplo, es muy ligera (unos 100 MB) y descarga el sistema completo durante la instalación, quedando al día desde el primer arranque.
Además de la edición de escritorio, existe Ubuntu Server sin entorno gráfico, ideal para servidores caseros, VPS o máquinas con pocos recursos. No es lo que quieres para un portátil de uso diario, pero es bueno saber que existe si más adelante montas un servidor doméstico o migras infraestructuras.
Preparar un USB de instalación autoarrancable
El método más cómodo para instalar Ubuntu en un PC real es crear un pendrive USB de arranque (bootable) con la ISO descargada. Necesitarás una memoria USB de al menos 4-8 GB (recomendable 8 GB o más) y una herramienta para grabar la imagen.
Si estás en Windows, uno de los clásicos es Rufus, que permite seleccionar la ISO de Ubuntu, elegir el modo de partición (GPT/MBR) y crear el USB en modo UEFI o BIOS según necesites. Otra opción muy sencilla, tanto para Windows como para macOS y Linux, es BalenaEtcher, cuya interfaz básicamente te guía en tres pasos: eliges la ISO, eliges la USB y pulsas en grabar.
Ten muy presente que todo el contenido de ese pendrive se borrará durante el proceso, así que si tienes archivos importantes ahí, haz copia antes. Una vez grabada la ISO, es recomendable expulsar la unidad de forma segura para evitar corrupciones de datos en el USB.
Cuando el USB esté listo, apaga el ordenador en el que vayas a instalar Ubuntu, conecta el pendrive y, al encender, pulsa la tecla de selección de arranque (a menudo F8, F9, F12, ESC o similar, según el fabricante: HP, Lenovo, etc.). En el menú que aparezca, escoge la opción de arrancar desde el USB, preferiblemente en modo UEFI si tu equipo lo soporta.
Si todo ha ido bien, verás el menú de arranque de Ubuntu con opciones como «Probar Ubuntu» o «Instalar Ubuntu». El modo de prueba arranca el sistema en modo live sin tocar el disco, ideal para verificar que te funcionan Wi‑Fi, audio y gráficos antes de comprometerte a la instalación.
Instalar Ubuntu de forma sencilla: pasos clave
Una vez arrancado el instalador gráfico, el proceso es bastante guiado. El primer paso es elegir el idioma que quieres usar durante la instalación y en el sistema final. A partir de ahí, el asistente te va llevando por teclado, red, tipo de instalación y particiones de disco.
En la parte de teclado, puedes dejar la distribución sugerida (por ejemplo, Español – España) o usar el detector automático, que te pedirá pulsar algunas teclas para identificar el layout correcto. Mejor asegurarte aquí, porque escribir contraseñas con teclado mal configurado es un infierno.
El instalador te propondrá realizar una instalación normal o mínima. La normal instala un conjunto de aplicaciones de escritorio (navegador, suite ofimática, algunas utilidades); la mínima instala lo justo para navegar y poco más. Para la mayoría de usuarios, la instalación normal compensa: ocupa algo más de espacio, pero evita que te pases media tarde instalando software básico.
Es muy recomendable marcar la casilla de descargar actualizaciones durante la instalación y la de instalar software de terceros (drivers gráficos, Wi‑Fi y códecs multimedia). Así tendrás un sistema más actualizado y con mejor compatibilidad de hardware desde el minuto uno.
Llegados al punto del disco, tendrás dos escenarios: ordenador vacío o máquina con otro sistema (por ejemplo, Windows). Si el disco está libre, puedes escoger simplemente «Borrar disco e instalar Ubuntu» y el instalador se encargará de crear las particiones necesarias. Si ya tienes Windows y quieres dual boot, verás una opción del tipo «Instalar Ubuntu junto a Windows» que reducirá la partición de Windows para hacer hueco a Ubuntu.
Para un uso medianamente serio, conviene reservar al menos 32 GB para Ubuntu si vas a compartir con otro sistema operativo. Si vas justo de espacio, prioriza dejar más margen al sistema que uses a diario, pero ten en cuenta que con menos de 30-35 GB para Ubuntu te quedarás apretado en cuanto empieces a instalar juegos o herramientas pesadas.
Usuarios más avanzados pueden optar por un particionado manual con volúmenes separados para /, /home, /var y /tmp, e incluso activar LVM y cifrado de disco. LVM permite redimensionar volúmenes sin reinstalar y el cifrado protege tus datos en caso de robo del equipo, a costa de tener que introducir una contraseña al arrancar.
Una vez decidido el esquema de particiones y confirmados los cambios (ojo, son irreversibles), solo queda establecer zona horaria, nombre de usuario, nombre del equipo y contraseña. Puedes activar o no el inicio automático de sesión; para un portátil, lo más sensato es que te pida contraseña, por seguridad.
La copia de archivos suele tardar entre 10 y 30 minutos según tu hardware y si has activado o no las actualizaciones durante la instalación. Al terminar, el sistema te pedirá reiniciar y retirar el USB. A partir del siguiente arranque, entrarás ya en tu nuevo escritorio Ubuntu.
Dual boot con Windows: convivir con ambos sistemas
Si quieres mantener Windows para algunas tareas (por ejemplo, ciertos juegos o programas muy concretos) y usar Ubuntu para el resto, lo habitual es montar un arranque dual. La clave es el orden: primero se instala Windows, luego Ubuntu.
Instalando Ubuntu al final, su gestor de arranque GRUB detectará la instalación de Windows y la añadirá al menú, permitiéndote elegir qué sistema arrancar cada vez en un sencillo listado. Si instalas en orden inverso, Windows suele sobreescribir el arranque y toca arreglar GRUB a mano.
Hay tres detalles importantes a tener en cuenta: primero, desactiva el Inicio Rápido de Windows, porque si no puede generar problemas de acceso a las particiones desde Ubuntu; segundo, respeta el tipo de partición (GPT con UEFI) para evitar líos al mezclar BIOS heredada con UEFI; tercero, plantéate crear una pequeña partición independiente para el cargador de arranque de Ubuntu, de forma que una futura actualización de Windows tenga menos probabilidades de romper el dual boot.
En cuanto a sistemas de archivos, Ubuntu puede leer y escribir en NTFS (el de Windows) pero Windows no entiende EXT4 (típico de Linux). Eso significa que desde Ubuntu podrás entrar en tus discos de datos de Windows, pero no al revés. Si quieres una partición compartida para ficheros, crea una adicional en NTFS ex profeso para eso.
Qué hacer justo después de instalar Ubuntu
Recién instalado, Ubuntu es totalmente usable, pero hay una serie de pasos que conviene hacer nada más entrar para dejarlo fino: actualizar paquetes, considerar Livepatch y Ubuntu Pro, instalar el navegador que prefieres, drivers de NVIDIA si procede y algún software clave.
Lo primero es abrir un terminal y ejecutar sudo apt update && sudo apt full-upgrade (o apt upgrade en versiones más antiguas). Esto descargará las últimas actualizaciones de seguridad y corregirá posibles bugs. También puedes usar el gestor de actualizaciones gráfico que aparece con un icono en la barra superior.
Si estás en una versión LTS, tiene sentido revisar la opción Livepatch, que permite aplicar parches críticos del kernel sin reiniciar el equipo. Es especialmente útil en servidores o en portátiles con los que trabajas muchas horas seguidas. Para usarlo necesitas una cuenta gratuita de Ubuntu One y activar el servicio desde la configuración del sistema.
Para llevar la seguridad un paso más allá y alargar el tiempo de soporte, Canonical ofrece Ubuntu Pro, gratuito para particulares hasta un número limitado de máquinas. Una vez instalado el paquete ubuntu-advantage-tools, puedes asociar tu equipo con el comando sudo pro attach y activar servicios adicionales, como parches extendidos para paquetes del universo y más hardening.
Otro gesto típico tras la instalación es instalar Google Chrome o Chromium si no te convence Firefox. Chromium lo encuentras en los repositorios (sudo apt install chromium-browser), mientras que Chrome se descarga en formato .deb desde la web de Google y se instala con un doble clic. El propio sistema se encarga luego de actualizar el navegador automáticamente.
Si tu PC tiene una tarjeta NVIDIA y vas a jugar o trabajar con GPU, querrás usar los drivers propietarios en lugar de los controladores abiertos por defecto. El método más fácil es ejecutar sudo ubuntu-drivers autoinstall y reiniciar; también puedes ir a «Controladores adicionales» en la configuración y seleccionar el driver recomendado.
Software, juegos y programas de Windows en Ubuntu
Ubuntu viene con un buen conjunto de aplicaciones preinstaladas: Firefox, una suite ofimática, visor de PDF, reproductor multimedia, gestor de archivos, etc. Pero la verdadera magia está en el Centro de software, donde puedes buscar e instalar miles de aplicaciones con un par de clics, muchas de ellas empaquetadas como Snap para simplificar dependencias.
Para desarrollar, dispones de editores y entornos como VS Code, IntelliJ IDEA, Eclipse, además de intérpretes y compiladores de prácticamente todos los lenguajes habituales (Python, Java, Go, Rust…). La gestión de paquetes con APT te permite instalar rápidamente bases de datos como PostgreSQL, Redis, servidores web y todo tipo de herramientas devops.
En el terreno de los juegos, Linux ha dado un salto enorme. Con Steam y su capa Proton, una gran cantidad de títulos de Windows se ejecutan en Ubuntu con un rendimiento sorprendentemente bueno. Si tu prioridad absoluta es jugar, te puede interesar una distribución especializada como SteamOS, pero en muchos casos un Ubuntu bien configurado con drivers recientes será más que suficiente.
Para aplicaciones de Windows fuera del ecosistema de Steam, tienes la opción de Wine, que implementa una capa de compatibilidad para ejecutar archivos .exe y muchas bibliotecas de Windows. No es magia: hay programas que funcionan de lujo, otros regular y algunos directamente no van. A menudo, herramientas como Word o Photoshop no rinden igual que en Windows, así que quizás te compense más buscar alternativas nativas en Linux.
Si necesitas sí o sí la experiencia completa de Windows en paralelo, otra alternativa es montar una máquina virtual con VirtualBox o VMware dentro de Ubuntu. Así puedes ejecutar aplicaciones de Windows en una ventana, con la ventaja de que puedes pausar, clonar y restaurar la máquina virtual fácilmente. Eso sí, la carga de recursos será mayor que con Wine.
Y si lo que quieres es separar mundos, siempre queda la opción del dual boot clásico: usas Ubuntu para casi todo, reinicias y entras en Windows cuando te apetece una sesión de juego con títulos que aún no se llevan bien con Linux o necesitas programas muy específicos.
Seguridad, rendimiento y administración básica en Ubuntu
Una de las grandes ventajas de Ubuntu es que, de fábrica, ya viene razonablemente bien protegido. No obstante, no está de más reforzar un par de aspectos básicos: firewall, actualizaciones y contraseñas.
Por debajo, el kernel de Linux ofrece un firewall muy potente (iptables/nftables), pero para no complicarse la vida se suele utilizar UFW (Uncomplicated Firewall), que simplifica la gestión con comandos como ufw allow, deny, status numbered, etc. En muchos casos bastará con activar UFW y permitir solo los puertos que realmente uses.
Otro componente importante es AppArmor, que Ubuntu trae activado por defecto. Esta tecnología aplica perfiles de seguridad a programas concretos para limitar qué archivos, directorios o recursos pueden tocar, reduciendo así el impacto de posibles vulnerabilidades de día cero. Puedes usar los perfiles que vienen de serie o afinarlos si te mueves en entornos más sensibles.
No es habitual que un usuario doméstico necesite antivirus residente en Linux, pero sí puede ser útil tener ClamAV u otra solución bajo demanda para analizar archivos descargados o discos externos, sobre todo si compartes ficheros con equipos Windows. En entornos de servidor o correo, esto ya se vuelve casi obligatorio.
En cuanto al hardening más avanzado, muchas empresas se apoyan en funciones como Livepatch para aplicar parches de kernel sin reiniciar, integración con LDAP o Active Directory para gestionar identidades de forma centralizada, y autenticación multifactor (MFA) mediante módulos PAM, llaves FIDO2 o códigos TOTP.
Para la administración diaria, conviene familiarizarse con algunos comandos básicos de sistema: systemctl para gestionar servicios, journalctl para ver logs, btop/htop para monitorizar recursos, ss -tulpn para revisar puertos abiertos y apt para instalar y actualizar software. Con eso cubrirás el 90 % de los problemas típicos de rendimiento y mantenimiento.
Cuando tus necesidades crecen, Ubuntu se integra de maravilla con herramientas de automatización y orquestación como Ansible para configuración, Terraform/OpenTofu para infraestructura como código, MAAS para desplegar en bare metal o Landscape para gestionar flotas grandes de servidores desde un panel central.
Con todo esto, instalar Ubuntu Linux de forma sencilla en tu portátil o PC deja de ser un salto al vacío para convertirse en una transición bastante controlada: haces copia de seguridad, descargas la ISO adecuada, preparas el USB, sigues el instalador paso a paso y, tras unos ajustes iniciales (actualizaciones, drivers, navegador), tienes un sistema estable, seguro y versátil con el que puedes trabajar, estudiar, programar o jugar sin depender tanto de licencias ni de decisiones de terceros; a partir de ahí, eres tú quien decide hasta dónde quieres exprimirlo.