- Richard Stallman y los encargados de Amazon coinciden en que la IA no entiende el contexto real.
- Nuevas herramientas como Antares de Cisco y los agentes de Kronjop avanzan hacia modelos más eficientes.
- La sostenibilidad y la eficiencia energética ganan peso en el desarrollo de software con IA.
- Los analistas creen que la IA transformará el software empresarial, pero no lo destruirá.

La inteligencia artificial se ha convertido en un ingrediente casi obligatorio en cualquier software que se precie. Desde herramientas de recursos humanos hasta sistemas de seguridad informática, la etiqueta «IA» aparece por todas partes. Sin embargo, no todo el mundo está convencido de que esa denominación sea acertada, ni de que los algoritmos estén preparados para tomar decisiones sin supervisión. Dos ideas se repiten en los últimos debates: la IA no es tan inteligente como parece y, además, necesita ser controlada por personas que entienden el contexto real de cada situación.
Mientras que figuras como Richard Stallman llevan años advirtiendo que el término «inteligencia artificial» induce a confusión, en la práctica diaria de empresas como Amazon los propios encargados de almacén piden desactivar los sistemas automáticos porque no captan lo que ocurre sobre el terreno. Al mismo tiempo, surgen nuevas herramientas que prometen hacer más eficiente el software, como los modelos de IA de Cisco o los agentes autónomos de la española Kronjop. La cuestión es si todas estas innovaciones avanzan en la misma dirección o si, por el contrario, estamos ante un panorama fragmentado.
Innovación y escepticismo: la doble cara de la IA en el software
El fundador del movimiento del software libre, Richard Stallman, ha vuelto a poner el dedo en la llaga durante una conferencia en el Georgia Institute of Technology. Para él, llamar «inteligencia» a sistemas que solo procesan datos y buscan patrones estadísticos es un error que distorsiona la percepción pública. Stallman insiste en que estas herramientas no razonan ni comprenden el contexto, por muy útiles que resulten en tareas concretas. Esta visión coincide con la experiencia de los supervisores de los centros logísticos de Amazon, que han denunciado que los algoritmos no entienden las capacidades reales de cada trabajador ni los picos imprevistos de trabajo. En documentos internos recogidos por Business Insider, varios encargados pidieron a los ingenieros que desactivaran el sistema porque sus recomendaciones resultaban contraproducentes.
A pesar de estas críticas, la industria no frena su apuesta por la IA. Cisco ha presentado Antares, una familia de modelos de inteligencia artificial abiertos y de pequeño tamaño diseñados para localizar vulnerabilidades en repositorios de código. La compañía asegura que estos modelos son hasta 172 veces más baratos que los grandes modelos cerrados como GPT-5.5, y que pueden ejecutarse en local, lo que evita enviar datos sensibles a servidores externos. Por su parte, la empresa española Kronjop ha transformado su software de control horario en una plataforma de gestión empresarial con agentes de IA autónomos, capaces de ejecutar flujos de trabajo completos sin intervención manual. Ambas propuestas reflejan una tendencia hacia la especialización: modelos más pequeños y eficientes para tareas concretas.
En el ámbito de los recursos humanos, la inteligencia artificial también está cambiando las reglas del juego. Plataformas como Rippling, Eightfold y la propia Kronjop integran agentes que automatizan desde la contratación hasta la gestión de nóminas, liberando a los equipos de tareas repetitivas. Sin embargo, el salto del modelo SaaS (software como servicio) al AaaS (agentes como servicio) no está exento de dudas. Los responsables de RR.HH. siguen siendo quienes introducen los datos a mano en muchos casos, y la confianza en las decisiones automáticas aún no es total. La experiencia de Amazon demuestra que, cuando el algoritmo falla, los humanos reclaman el control.
Sostenibilidad y eficiencia: el futuro del software con IA
Más allá de la productividad, la sostenibilidad se ha convertido en un factor estratégico para el desarrollo de software con inteligencia artificial. El Gobierno de Castilla-La Mancha, en colaboración con la Universidad de Castilla-La Mancha, ha puesto en marcha un proyecto para fomentar prácticas de software sostenible y reducir el impacto energético de las tecnologías digitales. La iniciativa incluye formación para desarrolladores, creación de herramientas de evaluación del consumo energético y actividades de divulgación, con el objetivo de que la sostenibilidad sea un criterio en futuros contratos públicos de software. Esta apuesta regional se alinea con una preocupación global: el coste energético de entrenar y ejecutar modelos de IA es cada vez más elevado.
En ese sentido, el lanzamiento de modelos pequeños como Antares de Cisco responde también a una necesidad de eficiencia. Ejecutar un modelo especializado en local consume menos recursos que recurrir a un modelo generalista en la nube, y además protege la privacidad de los datos. Los analistas de CLSA, en un informe reciente, señalan que la inteligencia artificial no va a destruir el software empresarial, sino que obligará a las compañías a diferenciarse. Las que tengan ecosistemas amplios, datos propios y altos costes de sustitución para sus clientes saldrán reforzadas. Microsoft, Adobe, Oracle, Salesforce, ServiceNow y Workday son algunos de los gigantes que, según CLSA, mantienen barreras competitivas sólidas frente a la irrupción de la IA.
La combinación de eficiencia y sostenibilidad también se observa en el diseño de aplicaciones. Herramientas basadas en IA permiten crear prototipos de apps en minutos a partir de descripciones en lenguaje natural, reduciendo el tiempo y los recursos necesarios para el desarrollo. Sin embargo, los expertos advierten que la automatización no debe eliminar la supervisión humana, especialmente en aspectos como la accesibilidad o la identidad de marca. El equilibrio entre velocidad y calidad sigue siendo un desafío.
La inteligencia artificial está transformando el software desde múltiples frentes: nuevos modelos más eficientes, agentes autónomos que automatizan procesos, iniciativas públicas para un desarrollo sostenible y, al mismo tiempo, una creciente desconfianza hacia sistemas que no entienden el contexto real. Lo que queda claro es que la IA no va a desaparecer ni a sustituir por completo el criterio humano, pero sí va a redefinir quién toma las decisiones y cómo se construye el software. Tanto las grandes corporaciones como las pequeñas empresas españolas tendrán que navegar entre la innovación y la prudencia para sacar partido de estas herramientas sin caer en promesas exageradas.

