- Desde el 2 de agosto, la UE exige identificar chatbots y etiquetar contenidos generados por IA.
- Los proveedores de modelos de IA de propósito general deben documentar datos de entrenamiento y respetar derechos de autor.
- La supervisión recae en la Oficina de IA de la Comisión y las autoridades nacionales.
- Las normas de alto riesgo se aplicarán en fases posteriores, hasta 2028.

La Unión Europea ha dado un paso firme en la regulación de la inteligencia artificial. Desde el pasado 2 de agosto, han entrado en vigor las primeras obligaciones de transparencia del Reglamento de IA, un conjunto de medidas que busca reforzar la confianza y combatir la desinformación en el uso de estas tecnologías. La nueva normativa afecta tanto a desarrolladores como a organizaciones que emplean sistemas de IA en sus servicios y comunicaciones.
Esta primera fase se centra en la aplicación del artículo 50 del reglamento, que exige identificar claramente cuándo interactuamos con una máquina y etiquetar los contenidos generados o alterados por inteligencia artificial, incluidos los deepfakes. El objetivo es que los ciudadanos europeos puedan distinguir sin ambigüedades lo real de lo sintético, en un contexto donde la IA generativa se ha vuelto omnipresente.
Obligaciones de transparencia para chatbots y contenidos generados por IA
Una de las novedades más destacadas es la obligación de que los chatbots y otros sistemas conversacionales informen al usuario de que está hablando con una inteligencia artificial, no con una persona. Además, cualquier contenido creado o modificado mediante IA deberá llevar una etiqueta visible y, en el caso de los deepfakes, incorporar marcas legibles por máquina para facilitar su detección automática. Estas medidas pretenden reducir los riesgos de manipulación y engaño.
Según Ceyhun Necati Pehlivan, socio fundador de Cornerstone Counsel, esta entrada en vigor marca un cambio de etapa. «El debate deja de centrarse en el contenido de la norma y pasa a su implementación práctica», señala. Las organizaciones deberán demostrar que han incorporado mecanismos efectivos para cumplir con estos requisitos, lo que implica revisar procedimientos internos y políticas de información al usuario.
Proveedores de modelos de IA de propósito general también afectados
La regulación no solo alcanza a quienes usan la IA, sino también a los que desarrollan los modelos subyacentes. Los proveedores de modelos de IA de propósito general (GPAI) deben documentar información detallada sobre sus datos de entrenamiento y establecer una política de respeto a los derechos de autor. Además, deberán publicar un resumen suficientemente detallado del contenido utilizado para entrenar sus modelos.
Para aquellos modelos considerados de riesgo sistémico, las exigencias son aún mayores. Deberán gestionar riesgos relacionados con incidentes químicos, biológicos, radiológicos y nucleares, la pérdida de control, la ciberseguridad empresarial frente al avance de la inteligencia artificial y la manipulación nociva. La Comisión Europea ha publicado directrices para aportar seguridad jurídica sobre estas cuestiones y facilitar la interpretación de las nuevas obligaciones.
Supervisión y próximas fases de la regulación
La aplicación de estas normas estará supervisada por la Oficina de IA de la Comisión Europea y las autoridades nacionales competentes. También se han definido prácticas prohibidas, como los sistemas que manipulan a las personas, explotan vulnerabilidades de manera dañina o califican injustamente a las personas. La supervisión garantizará que las empresas cumplan con los estándares de transparencia y se eviten abusos.
El reglamento no se aplica de golpe. Las obligaciones para los sistemas de IA de alto riesgo se retrasan hasta el 2 de diciembre de 2027, mientras que las relativas a los sistemas integrados en productos regulados comenzarán a aplicarse en agosto de 2028. Esta implantación escalonada permite a las organizaciones adaptarse progresivamente a las nuevas exigencias sin generar disrupciones.
Con la activación de estas primeras obligaciones, la Unión Europea se sitúa a la vanguardia en la regulación de la inteligencia artificial. La combinación de transparencia, supervisión y plazos graduales busca equilibrar la innovación con la protección de los derechos fundamentales. Aunque el camino hacia una regulación completa aún tiene hitos por delante, este primer paso sienta las bases para un uso más responsable y fiable de la IA en el continente.



