- Presentación del chip Majorana 2 que multiplica por mil la estabilidad de los qubits respecto a versiones anteriores.
- Uso de inteligencia artificial mediante la plataforma Discovery para optimizar materiales y procesos de fabricación.
- Adelanto del horizonte comercial para un ordenador cuántico práctico y escalable al año 2029.
- Disponibilidad general de herramientas de investigación asistida por IA para la comunidad científica y usuarios de GitHub.

Parece que la computación cuántica ha dejado de ser esa promesa eterna que nunca terminaba de aterrizar para convertirse en algo mucho más tangible y real. Durante la reciente celebración de la conferencia Build 2026 en San Francisco, Microsoft ha puesto todas las cartas sobre la mesa con la presentación de su nuevo chip Majorana 2, un componente que promete cambiar las reglas del juego gracias a una estabilidad que, sinceramente, deja en pañales a lo que habíamos visto hasta la fecha en laboratorios de todo el mundo.
Lo que más ha llamado la atención no es solo el hardware en sí, sino cómo la compañía ha logrado meterle una marcha más a su calendario de desarrollo. Gracias a una combinación de nuevos materiales y el apoyo masivo de la inteligencia artificial, los de Redmond han anunciado que el horizonte de 2029 es ahora su meta real para disponer de un ordenador cuántico comercialmente valioso. Esto supone recortar prácticamente a la mitad las previsiones anteriores, algo que ha pillado por sorpresa a más de uno en el sector tecnológico europeo, donde ya se vislumbran aplicaciones directas en la ciencia de materiales y la medicina.
El salto técnico: del aluminio al plomo para estabilizar los qubits
Uno de los mayores quebraderos de cabeza en este mundillo es que los qubits son extremadamente delicados; cualquier mínima interferencia externa los manda al traste en un abrir y cerrar de ojos. Con el Majorana 2, Microsoft ha dado un golpe de efecto al sustituir el aluminio por plomo como superconductor principal en la arquitectura del chip. Esta decisión técnica, que puede parecer un detalle menor para el profano, es la responsable de que la estabilidad de estas unidades de información haya pasado de medirse en microsegundos a alcanzar una media de 20 segundos.
Esta mejora de mil veces en la fiabilidad no es moco de pavo, ya que permite que los cálculos sean mucho más robustos y menos propensos a esos errores que tanto han lastrado la disciplina. El equipo técnico ha explicado que, al utilizar un superconductor basado en plomo, se crea un escudo mucho más eficaz contra las perturbaciones del entorno, como las radiaciones cósmicas, que suelen ser el enemigo número uno de la coherencia cuántica en estos dispositivos tan sensibles.
Además, el tamaño de estos nuevos qubits es sorprendentemente reducido, apenas una centésima de milímetro, lo que facilita enormemente la tarea de escalar el sistema. Al ser tan pequeños y, a la vez, tan resistentes, la posibilidad de empaquetar miles de ellos en un solo procesador se vuelve una realidad técnica factible. No se trata solo de potencia bruta, sino de conseguir que esa potencia sea manejable y útil para resolver problemas que hoy en día nos llevarían miles de años con la informática tradicional.
La Inteligencia Artificial como mano derecha en el laboratorio

Si el hardware es el cuerpo de este avance, la inteligencia artificial ha sido, sin duda, el cerebro que ha permitido acelerar todos los procesos. Microsoft ha revelado que el desarrollo del Majorana 2 ha ido viento en popa gracias al uso intensivo de agentes de IA a través de su plataforma Discovery. Estos sistemas han sido capaces de analizar décadas de datos de investigación, detectar anomalías en la fabricación y proponer nuevas combinaciones de materiales que a los humanos nos habrían llevado años identificar por pura estadística.
La complejidad de coordinar disciplinas tan dispares como la física teórica, la ingeniería de semiconductores y la criogenia es un reto mayúsculo que la IA ha ayudado a suavizar. Según los responsables del proyecto, estos agentes especializados pueden sintetizar conocimiento de múltiples áreas para ofrecer recomendaciones que facilitan la toma de decisiones críticas. Es un claro ejemplo de cómo la tecnología se ayuda a sí misma para saltar al siguiente nivel evolutivo, dejando atrás los métodos de ensayo y error puramente manuales.
En este sentido, la compañía no ha querido guardarse esta herramienta solo para su uso interno. Coincidiendo con el anuncio del chip, se ha confirmado la disponibilidad general de Microsoft Discovery para otras organizaciones científicas. Incluso se ha lanzado una versión preliminar para usuarios de GitHub Copilot, lo que busca democratizar el acceso a herramientas que pueden optimizar experimentos en campos tan variados como la biotecnología, la química sostenible o el desarrollo de nuevas fuentes de energía en todo el continente europeo.
Un horizonte comercial con impacto en la sociedad europea

La fecha de 2029 se ha marcado en rojo en el calendario de la industria tecnológica, ya que será entonces cuando se espera que estas máquinas empiecen a tener un valor comercial y social directo. Para Europa, esto podría suponer una revolución en sectores estratégicos como la logística, el diseño de fármacos personalizados o la creación de materiales mucho más eficientes para la transición energética. No hablamos de una simple mejora de velocidad, sino de la capacidad de modelar la naturaleza a un nivel que hoy por hoy es pura ciencia ficción.
A diferencia de otras aproximaciones que intentan corregir los errores una vez que ocurren, el enfoque topológico de Microsoft prefiere prevenir el error desde el diseño del propio material. Esta filosofía, aunque más difícil de ejecutar inicialmente, parece estar dando sus frutos ahora que la estabilidad ha dado este salto gigante. La empresa insiste en que su hoja de ruta es sólida y que, si se mantienen este ritmo de progresos anuales, la computación cuántica útil está mucho más cerca de lo que los más escépticos se atrevían a vaticinar hace solo un par de ejercicios.
La sensación general tras este anuncio es que estamos ante un cambio de paradigma donde el hardware cuántico y la inteligencia artificial se retroalimentan para superar barreras que antes parecían infranqueables. El camino hacia finales de esta década está marcado por hitos de estabilidad y miniaturización que permitirán a sectores críticos en España y el resto de Europa dar un paso cualitativo sin precedentes. No se trata solo de tener una máquina más rápida, sino de contar con una herramienta capaz de resolver los enigmas que la informática tradicional simplemente no puede abarcar de manera eficiente.

